No se qué pudiera ofrecer por volver a cruzar una vez más esa puerta, por volver a sentir tu tibio abrazo rodeando mi cuerpo, por volver a escuchar la dulce melodía de la lluvia al caer mientras acaricio tu pelo, por hacerte el amor pegados a ella y susurrarte muchas tonterías al oído.
Por beber de tu boca y embriagarme de placer, y sentir esa inmensa alegría de un espacio tuyo pero a la vez tan mío, con esa sensación de paz, armonía y protección con que me recibía el olor a tu «hogar, dulce hogar»
24.06.16
