Sé lo que dije, sé cómo le dije y cuantas veces me lo repetí a mí, a ti y a todo aquel que de ti me hablaba.
Sé cómo te pensé mi centro del universo y lo mucho que apostaba que tú y yo éramos la cosa más distinta, más compleja y más nuestros, porque en esa vida el “nosotros” encajaba tan bien en mi forma de verte, si, hablo de esa vida como si tuviera otra, la que ya fue y donde quedaste tú,esa donde te coloqué el triple de virtudes de las que posees, y te puse en el escalón más alto como si tu metro ochenta valiera años luz y no medidas terrenales.
Tranquila, que no te he quitado el título del amor de mi vida, nunca he dicho que me equivoqué contigo, Seguirás llevando la corona porque por mucho que deshilaste, por mucho que rompiste los cristales a tu paso…
hablar de ti se ha hecho mi historia favorita, pues nadie más me ha hecho aprender tanto de mí como tú.
Eso de la mecánica del corazón solo se aprende en diplomados impartidos por alguien como tú, y solo se aprueba por alumnos como yo, que han llevado práctica en esto de suturar heridas sin anestesia, dormir una hora al día y tragarse esas lágrimas que te dan la sensación de pasarte píldoras sin agua.
Sé llevármela bien aparentando que no voy con las alas sangrando, de eso no te acongojes.
Eres el amor de mi vida, si, pero ya no de ésta.
Jack’s Esguerra