Hay que tomarlo por el lado amable

En cierta ocasión, accidentalmente ella derramó el café sobre el mantel. Se disculpó muy apenada, insistiendo que lamentaba el hecho; y aunque le dije que no se preocupara, estuvo callada por varios minutos, evidenciaba que le había afectado tal situación. Yo continué con la plática sin darle importancia al asunto, pero ella estuvo indispuesta por el incidente.

Meses después, colocó una botella de vidrio sobre el comedor, y en un descuido, tal vez olvidando que todo el soporte que descansaba sobre la herrería, era de cristal, propició que el peso de la botella al resbalar de sus manos, estrellara el vidrio. Lo que vino a continuación fue peor que cuando derramó el café, se disculpó mil veces creo.

Calma, le dije; «solo es un vidrio, no importa».

Y el día que se fue, y conmovió mi corazón, no se disculpó; y esa vez sí me importaba, me dolió.

Ella no sintió nada por estropear mi corazón; se preocupó más cuando manchó el mantel y al estrellar el vidrio.
Tal vez pensó: «solo es un corazón, nada que importe».
Creo que ella funcionaba a la inversa.
Hay que tomarlo por el lado amable.
Andrés Ortiz Pantaleón.

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