Es raro, a estas alturas, hacerte una carta para decirte adiós.
Pero antes de eso, quiero compartirte algunas cosas que no me fue posible decirlas cuando estabas a mi lado.
Entre ellas la que más pesa en mi conciencia es que te elegí como padre de mis hijos, no como compañero de vida.
Yo no podía concebir la idea de tener hijos que no fueran de ti, y sabía que eso solo podía ocurrir si me casaba contigo, por la situación que vivía en casa, no era moralmente correcto que fuera una madre soltera y para ser sincera, en mi pensamiento cabía la posibilidad de que si nuestro matrimonio no funcionaba, la separación sería mejor visto que vivir con el señalamiento de por vida para una mujer sola y sus hijos sin padre.
La sociedad es más dura con las criaturas cuando no se conoce al padre de estos a que si son hijos de padres separados.
También quiero que sepas, que fuiste el amor de mi vida, que aprendí de ti demasiado, quizá más de lo que debí a mi corta edad, algunas que me dejaron marcada psicológicamente y otras que me hicieron madurar rápidamente, aprender y crecer intelectualmente.
Quiero decirte, que luché por nuestro matrimonio hasta donde mis fuerzas emocionales me lo permitieron, y sabía que nadie me juzgaría por eso.
Eras tan inteligente, que aún sigo pensando cómo es que la enfermedad hizo que perdieras la batalla.
Solo Dios sabe cuánto le pedía que tú reaccionaras, lo intenté con meditaciones, orando, visualizaciones que aprendimos juntos a practicar, chantajeándote, poniendo de por medio a nuestros hijos, todo lo intenté y sabía también cuál era tu lucha interna por cambiar, pero siempre volvías, una y otra vez a caer, y yo te esperaba con miedo, no miedo físico, era un miedo emocional que me enfermaba y terminaba por enfermar a nuestros niños.
Me sentía sola aunque tú siempre estabas, estabas físicamente, pero no eras mi apoyo en ningún aspecto. Y terminé cansándome. Y hubo quien aprovechó la situación, me habló bonito y caí.
Y eso hacía que mi conciencia ya no viviera tranquila, había quien atendía mi cuerpo, alguien con quien realmente me hacía sentir bella, que no mencionaba ni por error, por que no le parecía que yo lo fuera, una mujer frígida, como alguna vez (o creo que varias) te atreviste a decírmelo y terminé por creértelo.
Sentía que no era perfecta o normal. Y al entregarme a otros brazos el hechizo se rompía y podía demostrarte que no era la etiqueta que tú me habías puesto.
Quiero decirte, que no te odio, a pesar de tanta infelicidad que pasé, aún después que te tuviste que salir de casa.
Tus hijos me acusaban, sobre todo tu mujercita, por qué el niño calladito siempre estaba.
Y me siento en ratos culpable de haberlos dejado sin padre, pero la vida así ya no era vida. Y el ejemplo no quería que ellos lo vivieran.
Hubiera sido lindo, que a tu hijo le hablaras de esos temas que tanto te gustaban.
De pronto, quizás entre sus vagos recuerdos de ti, una revista de ovnis que tú dejaste él hojeaba,
Tu hijo es más reservado, pero mira, con él, hubiera sido tu oponente en el fútbol, y en eso también me siento divertidamente culpable, fui yo quien sin proponérmelo, desde aquella vez que por molestarlos (a ti, a tu papá y hermanos) de chiva rayada lo vestí, nunca volvió a quitarse la camiseta. También en su forma de comportarse me da miedo, a veces, cuando lo veo, siento que te estoy viendo a ti, es un buen hombre, muy buen trabajador y ama profundamente a sus hijos, el trato hacia ellos es similar al que tú le dabas.
Y ahora me pregunto, si serías feliz jugando con tus nietos, tres divinos niños, diferentes entre ellos.
Tus hijos recuerdan muy bien que música te gustaba y que ahora, cuando la escuchan se nota que los invade la melancolía.
A tu hija, que es muy parecida a ti, es una «hippie» inteligente, moderna y avanzada, pero le hubiera encantado como dice ella, escuchar juntos la música de tu tan querida Janis Joplin, «la bruja galáctica» música que a su edad, es extraño, pero le agrada, también un poco de rara como tú en la vestimenta, rara pero bella, hubieran sido la pareja perfecta para hablar por horas de los temas que te apasionaban.
Y pienso, quizá sí yo hubiera puesto más de mi parte, esas cosas hoy juntos las estuviéramos disfrutando. Y yo de la mano tuya, viviendo momentos de pareja madura, ya sin compromisos con nuestros hijos, lindo hubiera sido, aprender a bailar juntos, darnos nuestras escapadas los fines de semana.
Pero me pregunto ¿qué tanta parte más me hubiera costado?
Y es cuando me digo justificándome y quiero liberarme de este lastre que me pesa tanto, que cada quien es responsable de la vida que Dios nos regaló y que así como tenemos libre albedrío, así mismo nos dió la sabiduría de saber balancear nuestras experiencias de vida.
Así que hoy decido, que quiero soltar esa angustia de creer que no di lo suficiente, o de creer que yo ya el destino en mi mente inconsciente, lo tenía armado.
Algo que bien aprendí de ti y que creo fielmente, que vivimos vidas en diferentes planos y que las oportunidades nunca dejarán de darnos.
Si fallamos en ésta, en la otra tenemos que ponernos más abusados, por que para atrás no debemos caminar si queremos seguir evolucionando.
Quizá ya camines de nueva cuenta en este plano, o quizá ya me topé nuevamente contigo, puede ser también que no estés listo aún y te estarás preparando para no volver a fallar.
Cualquier cosa que sea, aquí o allá se que mis errores las habrás comprendido y perdonado. Que yo igual, solo como una experiencia te prometo recordar.
Y aunque tenía mucho que no pensaba en esto y que se que muchos momentos que hoy añoro los desperdicié y que muy pocas veces te lo dije, Te querré siempre…. siempre!!