Un año cortito…

Aún no me la creo que esté por llegar otra navidad.
Parece que apenas hace dos meses quitaban los puestos del tianguis navideño y ya se volvieron a poner.
Ya hace más de un mes que las luces de colores en las ventanas y los arreglos en las puertas de las casas de la colonia, me indican que así es.
Hace poco que empecé de nuevo a volverme loca, consiguiendo de aquí y de allá, tratando de surtir bien la mercancía navideña y luego acomodar, y no he parado de hacer manualidades.
Los papás empiezan a llevar papeles y bolsas para los regalos de intercambio y/o para sus queridas familias y amigos.
Los niños compran su cartita para el niño Dios o para Santa, quieren tenerla a tiempo bajo el árbol o en el nacimiento, para que no les vayan a fallar.
Piden y piden hojas verdes, hojas rojas, hojas cafés, diamantinas, lentejuelas y pegamentos para sus manualidades escolares, las últimas de este año.
Empezamos con la incertidumbre de qué regalar a los niños, a los grandes, a uno mismo.
Marañas en la cabeza, tratando de ajustar el presupuesto aún sin contar con un aguinaldo.
¿Qué cenaremos este año, dónde y con quién??
Un año más que vuelve a nacer un pequeño en Belén y que hace que el mundo se alborote.
Aún con todo eso, mi cabeza no termina de asimilar que otro año está por terminar.
Miro fijamente las luces que me hacen guiños, como queriendo por fin convencerme que pronto será de nuevo navidad.

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