La colonia

Hoy pasé por la ruta que tantas y tantas veces recorrí, aquella que me hizo emociones nuevas y fantásticas contigo vivir.
El gym, nunca sospechó lo que me ayudaría y me haría sentirme bonita para ti.
Recordé como si fuera ayer, la parada del bus, aquella tarde que loquita de celos me volví, pasaste casi a mi lado y a propósito te ignoré, creí que con eso castigaba tu actuar, oh Dios! El castigo fue para mi.
El mercadito, testigo muchas veces de aquel amor oculto, una caricia en el pelo, la tomada del brazo, una caricia furtiva en la mejilla, y el roce tímido de mi mano en tu espalda.
Las nieves de garrafa, las tostadas de jamón, panela y aguacate, los tacos de carnitas y la deliciosa  barbacoa. Cómo olvidar «El cheos» mi última visita, mi pierna nerviosa no paraba de temblar y mis ojos que te evitaban, por que si no, mis manos inquietas de seguro hasta a ti volarían.
Los atajos a mi casa, para huir de las miradas conocidas.
Aquel beso en la esquina, donde nuestros labios, a milímetros ya tímidos no se tocaban.
Esas calles que me vieron y sintieron caminar y como cómplices mi secreto guardaban, cuando me escuchaban feliz platicar contigo mientras tú viajabas.
Esa triste almohada, que al pasar me sonreía, me convenció que si con ella dormías, nunca, jamás me olvidarías, en aquel tiempo tonta de mi,  de todo me creía.
Calles de la colonia, de pronto tristes mis lágrimas sentían, y no sabían por qué pues yo no sé los decía, el abrazo tan deseado lo buscaba desesperada en cada rostro que veía.
Nadie se detuvo para preguntar siquiera «¿muchacha, te encuentras bien!?»
Esas calles que olvidadas por otra persona estaban y yo las amaba por que hasta ti me acercaban.
De pronto se volvieron traicioneras conmigo, ahora reciben a la que por mucho tiempo te ignorara, a la que tontamente dejando el camino libre y sin más yo contenta aproveché, limpio de nuevo quedó, como el mapa de un tesoro, con coordenadas exactas le  tracé. El camino ahora libre de barreras, de muros de hielo, de cristales rotos, de maleza crecida, de espinas clavadas en tu corazón herido,  esos brazos vacíos que con mimos yo llenara, llegó sin más a reclamar que aunque yo limpiara, en sus terrenos no podría yo cosechar, mucho menos fincar.
Ahora esas calles, al pasar se burlaron en mi cara y me hicieron recordar que a un amor con dueño, nunca, pero nunca debo de aspirar, o que siempre segura debo estar que más de un año enterrado ya está.
¡¡Lección aprendida!! El terreno no es de quien lo siembra, si no del que más pagó por él y lo invertido se pierde, no lo puedes reclamar, y ahora solo pido, que te aproveche la cosecha que alguien más sembró por ti.

Deja un comentario