Y de pronto ahí estabas, te quedaste mirándome como esperando mi reacción, escuché mi nombre y te miré fijamente, más nada nos dijimos, no pude ni siquiera ver tus ojos, traías tus eternas gafas oscuras.
Y desperté! estuviste en los últimos segundos de mi sueño. En los «otros cinco minutitos más» (después de sonar mi cuarta alarma)
Mi subconsciente te rechazó, yo sé muy bien que te rechazó, por eso me sacudió el hombro y abrí los ojos inmediatamente, similar a la sensación de un mal sueño y sintiendo un poco de alivio, combinado con asombro, por que claramente escuché mi nombre como si hubieras estado físicamente presente en la realidad.
Sabes que a veces pienso, imagino, sueño (despierta), que aún me amas, me extrañas y que te sientes arrepentida de haberte marchado. Y eso me sabe a burla, no escarmiento, pues como siempre ha sido. solo son mis sueños.
Como aquellos sueños que solía inventar cuando aún no existías en mi vida, solo en mis historias clandestinas.
Recuerdo esa ocasión, la primera vez que me contaste que leíste la conversación ajena, esa primera vez que mi corazón latió rápidamente, al echar a volar mi imaginación, pensando que mi fantasía se hacía realidad, cuando me dijiste «pues sí, si es cierto eso que te contaron» (de pronto me vi, frente a ti, ruborizándome, esperando que me dijeras: es verdad, me gustas y desde entonces me has gustado, pero no fue así, ahora caigo en cuenta, que lo único que querías, era desahogar tu coraje y también mi permiso para reclamar al culpable por haberme dicho algo tan personal, algo que tú le habías confiado.
Ya habían pasado casi cuatro años o más de eso, pero lo seguías cargando y por fin veías la oportunidad de sacar esa espinita.
Y desde ahí, debí sospechar que en tu vida, solo me querías para sacar, una y otra y otra espinita.
Para hacerme partícipe de la tristeza que venías aguantando de no sé cuántos años, al sentirte desplazada por la que era tu compañera.
Y yo, ingenua, desde entonces, creyéndome especial, desde el primer día que tuvimos esa famosa charla, yo no era el tema ni la protagonista principal.
Siempre estuvo de por medio, ella, él, ella y él y de nuevo ella y él.
Siempre, siempre, siempre!!!
Nunca pudiste cortar el cordón, siempre atado a ti, con nudos y remaches, con enmendaduras y añadiduras.
Y al parecer, ayudé hasta para hacerlo más fuerte y resistente.
Por eso, ya no quiero pensarte, por qué mi fantasía siempre me traiciona, tratándose de ti.
Creí que había encontrado la persona de mis sueños y me equivoqué.
Hoy ya no quiero soñarte, por que la fantasía contigo no resulta, por que aunque creíste que algún día me quisiste, para ti, al final fue un error, un error imperdonable, por que el lazo atado a ella, aunque tus manos un tiempo se quemaran, al tratar de que no resbalara, heridas estas estaban, en carne viva.
Pero aún así, decidiste que la cuerda de suave lana que yo te ofrecía, era demasiado buena para soportar el amor, ese amor que yo para alguien especial tantos años guardaba.
Por eso ya no sueño, aunque cada acción que pasa en mi vida, un recuerdo te trae de nuevo a mi memoria.
No se vale! No se vale que yo lo haga, y tú, vivas tan tranquila.
Fue tan poco el tiempo compartido, que nadie dudaría, que no fueron diez años de vida a tú lado, aunque parecieran diez por tan intensa vivencia..
Como si fuera ayer recuerdo, que aún ya siendo tu pareja oficial, había que callarme cuando recibías una llamada, o hasta en mi casa había que guardar silencio, cuando alguien ajeno a nosotros entraba. Y peor aún, mis audífonos me pediste usar para no escuchar y que tranquilamente y sin temor a que tu tono te fuera a traicionar.
Nunca fui de ti, aunque las canciones así lo dijeran. Hoy quisiera jamás volverlas a escuchar, y hasta me molesta que mi curiosidad me haya traicionado al preguntar, pues esa de Franco de Vita, siempre estuvo vigente y ahora yo ya la quiero olvidar.
Ya no quiero pensarte, por que sé que tú, ya ni en la vida me haces.