Como cada fin de semana, especialmente viernes y domingos, mi vida se cubre de briznitas de tristeza y melancolía.
Con una sensación de vacío y de no saber cómo aprovechar un día menos de vida.
Con esa punzada de falta de un abrazo fraternal y cálido.
¡No! No fui hecha para vivir de ermitaño, ¡no me gusta!! pero parece que mi vida se empeña en demostrar lo contrario.
Mi sentimiento negativo siempre provocando a esa otra parte mía, la sensata y que razona…. Pero casi siempre termina ganando…
Nuevamente, dejaré como siempre que se salga con la suya, que fuerzas no tengo para discutir por eso.
