Las noches llegan, una tras otra, similares o siempre igual.
Ni una diferencia o muy poca.
Cenar, mirar, jugar, dormitar, desesperar..
Acomodar mis almohadas, siempre igual, la pequeña entre las grandes, en medio, no hay más!!
Quizá abraze una de ellas, sobre todo si hay molestías en mis manos.
Una, dos, tres vueltas y hasta más!
No logro acomodar mi cuerpo en ningún espacio de mi cama.
En medio, diagonal, atravezada, de lado, de espalda, mis noches son similares o casi siempre igual.
Disfruto de vez en cuando, el caluroso abrazo (bastante diría yo) de mi niña, aunque tenga que estar toda la noche moviéndola por qué acapara mi lugar.
Por lo normal no me gusta dormir acompañada…
Pero hubo un tiempo con sus excepciones…
Y los recuerdos danzan sin parar…
Hubo voces en la noche susurrando: estás hecha a mi medida, te acomodas perfecto en mis brazos…
Y como casi todo, terminaron… sin dolor alguno me iban soltando.
Hubo tardes y noches maravillosas!!
Las almohadas no hacían falta! Nada me dolía, nada preocupaba, solo el que el día se acercara, y maldecía la noche por su mala jugada, no quería que se marchara… Y como dolía… Cuando se fueron alejando…
…ahora mis noches se repiten, una tras otra caen, igualitas como gotas de agua…
Y acomodo mi mini almohada en medio de la cama, abrazo una de ellas, para sostener mis manos, que recuerdan que ahora solas nos encontramos.
