Las dos tú

Tú eras dos versiones en una.
Aquella persona protectora que fuiste desde tu infancia, creyendo que era tu obligación ver por el bienestar de la familia, aún sabiendo que esa tarea no te correspondía y que no era el tiempo de adjudicártela, pero era más sencillo enfocarte en esa responsabilidad, que hacer algo que no sabías cómo enfrentar, esa situación  que  mal vivida en tu tierna infancia, fue más fácil proteger que ser protegida.

Así que te convertiste en padre y madre de cualquiera que necesitara de ti, y decir cualquiera me refiero a eso, a cualquiera. Sobre todo, por supuesto, de tu familia.

A algunos más, nos tocó esa parte.

Aún recuerdo y aún me entorpece mis sentidos recordar con cuánto ahínco tratabas de satisfacer cualquier capricho de «sandy», sobre todo, intentabas no molestarla cuando de mis caprichos se trataba.
Jugando con ella siempre, como cualquier padre amoroso con sus pequeños, sabiendo lo mucho que lo disfrutaba… Y necesitaba.

Aaaah! ( Suspiro ) cuanto sufrí por eso!!, por querer ser la única niña de tus ojos!!! Por querer tener a papá y mamá para mí solita!!

Siempre sacrificándote por los demás, aunque tú estuvieras desmoronándote por dentro.
Y es algo que  nunca he podido admirar de ti, por que no es justo ni tampoco necesario que los demás pasen por nuestras espaldas, lastimándonos,  solo por disimular y por tener a todo mundo contento a costa de nuestro sacrificio, como siempre he dicho, en lo personal, yo no nací para mártir, mucho menos para ser santo.

Y aquella contraparte, tu otra personalidad, esa que  es tan  difícil para ti aceptar, pero que igual la disfrutas y mucho, esa que no permites que fluya, pero yo puedo jactarme, que conmigo lograste descubrirla.
La protección de mamá que tanta falta te hizo, esa parte la sentías conmigo.

La niña  que ríe, que llora, que obtiene consuelo, que juega, que  te comprende y consiente. Esa fuiste tú conmigo.

Y nos complementábamos! desarrollando los dos estados, según la necesidad. Por que mi niña interior resurgía contigo, me sentía protegida, apapachada, amada, me sentía importante y consentida. Algo que no tuve en mi infancia.

Pero también despertabas en mi ese tierno cariño y protección de una madre para  con su prole.
A tu lado,  cada día que pasaba, más joven me sentía.
Logré sentirme veinte años más joven, era toda  una loca y feliz adolescente enamorada.

Pero elegiste ser mamá/papá, era más fácil ese papel para ti, era el que habías ensayado, el que mejor te salía, el más conocido. No tuviste valor para aprender un rol en un personaje nuevo, en la obra que la vida te acababa de ofrecer.

Tenían razón todos aquellos que alguna vez te lo mencionaron y bueno, también tú que lo llegaste a pensar, todas aquellas veces que te convencieron, que lo nuestro eran «muchos» años de  diferencia.
Ahora que la salud ha mermado mi cuerpo, estos pensamientos llegan de nuevo a mi cabeza.

Que suerte para ti y que buen tino al marcharte, con pena es lo que pienso. Y no es por hacerme menos, pero los veinte años que sentí rejuvenecer,  se regresaron conmigo, pero no llegaron solos, esos veinte invitaron otros más.

Hay tres frases muy usadas y desgastadas, que me chocan como piedras en mi pensar.
«El hubiera no existe»
«Los tiempos de Dios son perfectos» «Por algo pasan las cosas».

Bien lo sabes, no soy muy religiosa, más bien soy espiritual, por eso pienso, ¿dónde queda el libre albedrío?

Porque mis erorres son míos, no son culpa de Dios, son consecuencias de mi actuar.

Yo solo veo, a ese ser superior como un padre amoroso, que cuando el bebé empieza a caminar, lo deja, lo dirige, camina cerca de él, lo sostiene cuando está a punto de caer y con todo y eso, siempre habrá caídas,  un poco de susto y lo vuelve a levantar o quizás deja que él solo sepa cómo levantarse, quizá haya algún chichón y solo si es necesario, el padre acude a aliviar la pena y el dolor, si el bebé así lo requiere.

Si fuera nuestro caminar por esta vida el 100% responsabilidad de Dios, yo le preguntaría: por qué fuiste tan cruel y malo conmigo, ¿por qué ella si merecía más su compañía? ¿Por qué permitiste que yo me enamorara para que después lo alejaras sin más, sin una pizca de remordimiento?

Hoy mis fuerzas se han visto mermadas y me digo, ¿fue lo mejor que pudo hacer? No por mí, obvio!!
¿Fue justo que se alejara a tiempo?
O quizá ¿Los tiempos de Dios son perfectos? pues si es así ¡¡Que Dios tan injusto!! ¿ no?

Todo depende del ángulo en que se mire. Quizá para ti y para los que tanto te llenaron de esos pensamientos así lo sea.

Estoy consciente y casi segura de que mis malestares son emociones que no he podido sacar de aquí (♥️) y de acá (cerebro), pero créeme, para personas como yo, no es del todo fácil.

Cuando mis manos, después de tantos años, por fin se abrían, por fin confiaban, por fin se sentían agusto y seguras para recibir lo que otros brazos ofrecían … En un abrir y cerrar de ojos… Quedaron vacías.
Y eso… No es tan fácil de asimilar… Como he dicho .. el orgullo es también como un órgano interno… Y  duele cuando es herido… sangra… y desangra gotita a gotita y eso lleva bastante tiempo para que por fin se seque y muera.

Que fortuna la tuya, haber dicho adiós a tiempo…

Deja un comentario