Recuerdas cuando te decía, yo solo voy de paso ¿Vale la pena seguir?
Quizás sí recuerdes que quise terminar y tus lágrimas no paraban. Esa tarde, la cara tuya fue un chantaje sentimental, que me obligó a abrazarte fuerte, besar tu mejilla y decirte «todo va a estar bien» segura estaba yo en ese momento que así sería, pero tu bello rostro lloroso me convenció y me ató más a ti.
Recuerdas aquel mensaje de voz, un llanto triste y como fondo incluido, esa canción que no me gustaba, que ni siquiera conocía pero fue la de nuestra primera vez. Dime ¿Lo recuerdas?
Y aún así te dije, te insistí, diez años deben pesar mucho más que sesenta días.
Quizá no lo recuerdes pero tu respuesta un día fue con la letra de otra canción, que por cierto, tampoco me gustaba:
«Dime, quién te dió el derecho
de tomarte a pecho el quererme salvar, no puedes hacer más daño
Y si estoy contigo es por que yo quiero estar»
Dios!! Por qué no le hice caso a mi instinto en ese momento, cuando aún era tiempo y podía correr en sentido opuesto, cuando aún el dolor no se hacía presente.
Y yo sentía que me querías más tú a mí que yo a ti, me sentía deshonesta, pero entonces fui un poco cobarde y no quise destrozarte.
¡¡Que ironía!!
Te empezaba a querer y no me fue posible lo que tanto predicaba, siempre pensar antes en mí, luego en mí y al último en mí. ¡Pero tú, que bien lo aprendiste!
Recuerdas esa última tarde (creímas que sería la última), cuando la decisión estaba tomada, me dejarías por última vez en casa. Estacionamos por alguna calle de Tlaquepaque y aunque había sido tu decisión, tus lágrimas dejaste caer.
Te pregunté, ¿Por qué lloras? ¿Qué no es lo que querías?
Y ahora lo pienso, esas lágrimas tuyas siempre fueron chantajistas, ellas son las responsables de que con el tiempo las mías, como manantial inagotable e imparable, corrieran por mis mejillas.
Y yo sí lo recuerdo, pero a ti de seguro ya se te olvidó.
La angustia que sentí cuando realizaste aquel viaje que sería el parteaguas de tu decisión.
Te pedí no tener comunicación, con ninguna de las dos, para que tú corazón siguiera la correcta dirección. Y la balanza se inclinaba en contra mía, pues ni un mensaje recibí, mientras te entretenias en la otra parte, ni un minuto desperdiciaste, con ella siempre hablaste.
Y yo muerta de miedo, fingía que era buena si te comprendía cuando al fin volvieras con tu determinación.
Aún así, quizá lo recuerdas o no. Fui en ese momento la vencedora y vuelta loca de alegría y con miedo a la vez, te dije que sí!!! Que sí quería!!
¡¡Mejor te hubieras ido!! ¡¡Mejor no hubieras vuelto.!
Mi alegría duró solo treinta días más.
¿Si recuerdas?
Después de un fatídico viaje, nuestra relación en descenso se convirtió.
Y solo ahora lo pienso, creo que esa última semana, ni un momento de tu mente ella se separó, el miedo la hizo retroceder y a tú cabecita de su imagen te llenó, por que tu regreso fue distinto.
Tu mirada que tanto me alegraba llegó sombría.
Que falta esa vez me hizo tu luz, que en tus ojos siempre al volver resplandecia, cada que de un viaje llegabas iluminaban mi vida.
Quisiera ser como tú y que los recuerdos desaparecieran, hacer de cuenta que jamás sucedió, que solo se trató de una de mis ya frecuentes fantasías, que si bien en cuento de hadas empezó, al final en pesadilla se convirtió.
Tristemente a diferencia de ti, a mí no se me olvidó.
Ahora solo quiero, que de mi vida definitivamente y por fin te vayas. Pero te niegas a hacerlo y finges que lo recuerdas.
… aunque a mí me sigue quedando una duda… Si tan feliz fueras… a fin de cuentas ya me hubieras olvidado…pero estoy segura que no…
Para mí ya es bastante… Cansada estoy… Ya quiero que te vayas…