Pequeños milagros

Con todo este rollo de las clases presenciales interrumpidas desde hace más de un año,  mi negocio ha seguido vivo por milagro.
Por pequeños milagros (así les llamo yo) que la vida me ha traído.

Aunado a eso, mi falta de salud que me ha llevado a la necesidad de cerrarlo algunos días, otros más a abrir tarde, cerrar temprano, etc. Ya sea por no sentirme con fuerzas de trabajar o de ires y venires de un médico a otro.

La cosa aquí es que mi salud económicamente también ha sido afectada, «¡cómo a todos!!» dirán algunos, aunque creo que a muchos, los muy afortunados, ni siquieran han sentido gran preocupación por el lado  monetario.

Vengo de una familia rigurosamente religiosa, y por supuesto que llevo esa educación, pero más levemente y con los tristes acontecimientos de los últimos días nos hemos unido más, nos hemos apoyado moral, espiritual y desde luego económicamente,  eso también se agradece!!

Y yo, estando en casa incapacitada para trabajar, pensando en todas las oraciones y bendiciones que mi familia me regalara, me pregunté : ¿por qué yo no tengo esa capacidad de sentir con tanta vehemencia y con tanto fervor nuestra religión?
Porque cabe señalar que desde niña fui educada en fe y amor a Dios y obvio los tengo, y muy fuerte, pero esta pregunta me la hice desde que tuve uso de razón adolescente, ¿por qué yo no siento esa presencia divina tan especial como ellos dicen sentir?? Yo me esforzaba demasiado para poder sentir ese calor, esa luz o la presencia tan especial que la mayoría decían y podían sentir.

Traté de educar a mis hijos de la manera en que yo había sido educada, los primeros años fueron fáciles mientras tuve el don de mando, pero los tiempos fueron cambiando. Y se que ellos son muy buenas personas y tienen muy buenos sentimientos morales y las bases espirituales para defenderse, pero ya no los obligo y su fe se puede decir que es buena.

Y en esas andaba, mientras pensaba buscaba afanosamente mi cajita de hilo dental que no había visto desde hace unos días , estando postrada y sin poder levantar cosas pesadas, ni siquiera poder asomarme abajo de mi cama, pero como mis pensamientos son muy ágiles para volar y andar por ahí dando vueltas en mi cabeza me preguntaba ¿por qué soy diferente a mi familia? Y empezando a sentir un poco de culpa por recibir tanto, pero también a agradecer mucho (eso si).

De pronto pensé en recorrer una maleta que tengo en un rincón, pensando que ahí podía encontrarse mi  hilo dental, ese movimiento hizo que viera mi perchero, con bolsas y más bolsas acumulando el polvo.
Empecé a sacar una tras otra las cosas que ahí se encontraban y desempolvando para poder volverlas a su lugar.

Mientras mi mente seguía divagando en su asunto sentimental de por qué yo había salido diferente y seguía cuestionándome si mi falta de recitar las oraciones aprendidas era motivo de mis pesares.

Y seguía mientras, tirando papeles, acomodando libros… y oh! Sorpresa!
Se asomó de pronto entre dos páginas de una revista que no he terminado de leer por floja y que abandoné en una bolsa en la  que llevaba mis papeles de la seguridad social, me miraron esos ojitos dentro de la revista y hasta los chinitos del pelo vi moverse, algo que parecía ser un billete de $500 bien doblado, cual no sería mi alegría que al desdoblarlo no era uno, si no dos preciosos billetes!!
Salté (es un decir) de alegría y dos lagrimitas rodaron de mis pequeños ojos.
Y con esto quedó contestada la pregunta que me mortifica en momentos anteriores a este hallazgo.

Mi fe no ha ido para menos y la prueba la tenía dentro de esa revista abandonada, justo en el momento que más falta me hacía , aparecen los «pequeños» milagros y segura estoy que fue una respuesta desde muy arriba.
Así que Gracias!!!

Julio 14 2021

Deja un comentario