Hacía tiempo que la paz a mi había regresado.
Mucho tiempo ya que tu presencia había desaparecido, se había ausentado de mi mesa cuando a medio día llegaba a comer, ya no sentía esa angustia de saber que ya no compartiría contigo esos momentos que tanto disfrutaba, ni esa melancolía de cada tarde, al saber que a las labores tendríamos que regresar.
Muchos meses sin añorar que volvieses de nuevo a mi cama, esas pocas que junto a tu cuerpo con mis piernas yo rodeaba, volver a sentir esos brazos protectores que me hacían sentir pequeña y tan amada.
El tin, tin de celular y la emoción de saber que podría ser tuyo el mensaje que llegaba.
Ya hasta había dejado de voltear a la puerta cuando un carro estacionaba.
Dejé de esperar ver tu figura al entrar, que aún con el paso del tiempo seguía causándome una emoción de adolescente, de alguna travesura planeada.
El mundo no lo sabía, pero aún así, yo imaginaba el día en que por fin lograra anunciar que eras tú a quien yo amaba.
Había logrado también después de tres años de luchar contra mi demonios y mi voluntad, desprenderme de ti, pensar más en mi, convencerme que yo para mí misma, era la que más importaba.
Y sabía que había ganado la batalla, me sentía una triunfadora, que era una de las cosas más fuertes hasta ese momento vividas, con tantas emociones revueltas que a tu lado yo sentía. Sentimientos que llegaban hasta los extremos jamás imaginados.
Ya había logrado vencer hasta mi falta de voluntad, para hacerte a un lado en todos los aspectos, bloquearte de cada una de mis redes sociales, para mí era una gran hazaña y me sentía orgullosa, libre de culpas, de temores y tristezas.
Había vuelto a ser yo, aquella que nunca conociste, por que la yo que tú fingiste amar, nunca volvió a ser la misma desde que vi tu mirada y sucumbí a tus bellos ojos.
A esa, mi otra yo, en realidad, nunca la conociste.
Y hoy… hoy ha vuelto a resurgir esa parte de mi que no dejaba marcharte.
Hoy con dolor, ese dolor que había ya olvidado, supe que con ella pronto habrás de casarte.
Y me sentí de nuevo usada.
Nunca me amaste, de mentiras solo me alimentabas, dijiste amarme una noche especial, aquella que tan cruelmente creí. Decías que del amor por ella no quedaba nada y yo ilusa lo tragaba.
Mi orgullo herido de muerte, volvió a recordar, solo bastaron seis meses, para que tu amor dormido despertara.
De mi te valiste sin importar lo que yo por dentro y por fuera demostrara, eras el amor de mi vida, pero eso al final era lo de menos, para ti la única siempre fue ella.
Mentiste con tal saña, que aún en mis recuerdos, suenan esas dulces palabras y aún me la creo, casi, casi logro sentirte cada vez que eso pasa.
Duele, duele hasta lo más profundo del alma saber que en mi fuertemente te apoyabas, mucho lastimaban tus pies sobre de mi, creyendo y esperando que al final valdría la pena.
Como dicen, nadie sabe para quien trabaja.
Empecé los cimientos de una vida independiente, logré cargar por ti tus culpas y una vida media oculta.
Destapé la caja de Pandora, donde ocultabas tus demonios y casi lograba hacerte salir de ahí, tomada de tu mano, pero al final ella fue la que ganó esa batalla que yo dejaba casi ganada.
En bandeja de plata todo estaba, para ella llegar como si nada.
Y yo, como niña humillada, sin tajada de pastel a mi casa me mandaban.
Aún cuando nuevamente ella te fallara, aquí yo como idiota con mis brazos extendidos siempre, siempre estaba.
Y eso te unió más a ella… y yo tomando fuerzas de donde no había, mis alas reconstruía, de volar ya era hora, definitivamente por esta vez ya me convencía, nada tenía que hacer en ese nido que jamás fue tan siquiera un poco mío.
Y hoy de nuevo he caído… Mi corazón reconstruido, un pedazo ha perdido…
Y yo le sigo pidiendo a Dios, que me ayude ya con este olvido, ¡¡de cada segundo contigo vivido no quiero saber más!!!
¡¡Que borre de mi historia lo bueno y malo, que ninguno quiero recordar!! Que me haga despertar de este sueño convertido en pesadilla, largo se ha tornado ya. Que tenga un poco de compasión, que para pago, ya es suficiente, ya hasta creo me sale debiendo.
Al altar la vas a llevar, que triste que tuve que estar en tu vida, para darte cuenta que jamás la dejaste de amar.