Hoy he amanecido con esa sensación de ser y no ser, de estar sin estar.
Ya varias noches que no puedo dormir, llego a casa agotada, ¿de qué? No se realmente, pues mi trabajo no requiere de esfuerzo físico.
Hoy desperté inquieta, como a eso de las 4.30 am, ya no podía conciliar el sueño, sentía un leve dolor de garganta y algo líquido en mi nariz. Sensación que vengo sintiendo de vez en cuando, ahora con este tema del covid-19, y no quiero sugestionarme, pero hoy si me asusté un poco más.
Pocas veces enfermo de vías respiratorias, de hecho, creo que soy muy fuerte en ese aspecto, que cuando me enfermo, ni siquiera requiero de un doctor, pero ahora me espanta el simple hecho de tener que sonarme la nariz, o garraspear un poco. Me atemoriza hasta prender el ventilador o comerme un raspado, por no irme a resfriar. Y no, no es algo como dijeran, que vivo con psicosis, no es así.
A pesar de que afortunadamente mi negocio fue considerado como una actividad escencial, y que no he dejado de laborar, me preocupa sobremanera el futuro.
Las entradas que he tenido me han mantenido con la alimentación necesaria, y quizá un poco más. Pero los pagos de servicios no esperan y se empiezan a acumular, en ocasiones las ventas no son tan buenas . ¡¡ Y claro que corrí con suerte!! Cuántos ni siquiera tienen una entrada, sus patrones tuvieron que prescindir de sus servicios al no tener con que sostener sus sueldos. Sin entradas económicas, ¿Cómo hacer para las salidas?
Otra cosa que me tuerce un poco los nervios (y las tripas) es el hecho de que a medio México le valga un comino la pandemia, que medio México diga que es cosa de gobiernos, para desestabilizar la economía del país o mundial. Que crea que es cosa de nuestro mal gobierno. Bastante daño le han hecho a nuestro país, que ahora como el cuento del pastor y el lobo, como para no creer nada de lo que hoy nos dicen.
Me duele ver cómo las pequeñas y medianas empresas las hayan cerrado y dejado los gigantescos supermercados para que sigan sobreviviendo a costa de las necesidades básicas. ¿Por qué no dar la oportunidad ahora a los pequeños comerciantes de ser ellos quienes surtan las despensas de tantas familias? y que las ganancias queden para quien más necesita en estos momentos, los grandes supermercados no sufrirán tanto como las empresas familiares.
Harta estoy de que las personas no entiendan la gravedad del asunto, y sigan conviviendo, juntitos como manojitos de cebollas cambray, compartiendo fluidos.
Por unos irresponsables estaremos perdiendo otros que si hacemos el esfuerzo, que sí extrañamos a nuestras familias, que también tenemos el gran deseo de salir a divertirnos o cambiar ya de espacio, de aires, de caminos y actividades.
Pero como dicen y por desgracia así es, nadie experimenta en cabeza ajena y no nos basta ver como todos los casos de países, países mucho más avanzados que nosotros pasando por tremendas pérdidas.
Es triste ver en algunas zonas los locales cerrados, casi como en una ciudad fantasma, con letreros recordándoles a sus clientes cómo y dónde pueden encontrarlos, pues no hay certeza de cuándo termine esto. Algunos otros mencionando con tristeza lo mucho que los van a extrañar. (Esto casi me hace llorar)
Mientras unos cuantos ingeniosos, como buenos mexicanos, cambiando de giro a sus empleos, aprovechan la situación para hacerse de unos pesos que han dejado de ganar por el cierre de sus trabajos. Por lo menos, para llenar las pancitas de su familia.
Cuando en otras zonas, a la gente le importa poco lo que pudieran ocasionar, y siguen funcionando gimnasios a puertas cerradas, unidades deportivas llenas de muchachos jugando las cascaritas, como si no pudieran prescindir un mes o dos mas de ellas, grupos de vecinos, reunidos en las calles, como si se quisieran tanto.
Es triste, estresante y frustrante que se viva en extremos completamente opuestos, unos pasando hambres y preocupaciones y otros celebrando a lo grande, como si estuvieran en un eterno festejo.
Por desgracia, a la hora de la verdad, el contagio será parejo, o más bien injusto, por que a quien más cuidaste, serán las personas con más vulnerabilidad a enfermarse.
Todo esto es una locura y pareciera que el aire que se respira está enrarecido y como polvo de incertidumbre, cae sobre nuestras cabezas y nos llena de melancolía, nos llena de coraje, nos llena de rabia y de una impotencia muy extraña.
Solo espero que todo esto no mate nuestras mentes a la par que el coronavirus nuestros cuerpos.
Dios quiera que pueda seguir escuchando, aunque sea de vez en cuando sus voces o leyendo casi a diario sus letras, de todos los que de una u otra manera, forman parte de mi vida.
¡Abrazos, bendiciones y mucha salud!! ¡Cuídense mucho!!