Luna

Nunca tuve miedo a nada
Ni al silencio ni al dolor
Y si me sentía sola
Me bastaba la imaginación.

Pero desde hace tiempo
Algo pasa en mi interior
No consigo ser la misma
Me domina la contradicción.

Luna
Dame inspiración por un instante
Y siembra mil estrellas en el aire
Que quiero conquistar su corazón.

Luna
Llévale el calor de mis palabras
Y bébete la luz de la distancia
Que necesito verlo por favor.

Yo que siempre andaba al día
Sin echar la vista atrás
Convencida presumía
De ser dueña de mi voluntad.

Y ahora estoy aquí sentada
Escribiendo una canción
Como loca enamorada
Deshojando palabras de amor.

Compositores: Pedro Herrero Pozo

Luna
Pensé que nunca para ti escribiría, pero hoy tu recuerdo llegó hasta mí, la memoria voló hasta  todos esos lugares, donde mil experiencias nuevas viví.
 
El amor imperfecto, el amor irracional.
El segundo más parecido a lo que yo hubiera querido.

Aquella vez, que yo nerviosa, sin saber que hacer (tus ojos fijos en mi estaban) te contaba qué bebida me gustaba y tú, sin inmutarte me dijiste » y a mi, me gustas tú» sentí mi cuerpo estremecer cuando con un simple movimiento, tu mano tomó la mía.

Contigo supe la elegante forma del buen comer y del buen beber.
Beber de aquella forma tan sensual, casi erótica, que inevitablemente terminaba sucumbiendo ante tu profundo mirar.
Bajo el influjo extraño de nuestra música preferida, tan versátil como creativa.

Adoraba sentarme en tu regazo, con miedo a quebrar una de tus dos sillas, tus sillas plegables,  mientras tú fijabas tu mirada oscura en mis pequeños ojos.
Entonces sabía que si me querías, aunque con el tiempo lo negaras.

Aún sin ser días especiales, si se te ocurría, el fondue preparabas, encima de la mesa que cubrías con aquel mantel  en punto de cruz, bordado con mis diminutas y regordetas manos con hilo de color azul (tu color favorito).

Me era tan fascinante verte cocinar para mí, preparar una simple bebida me hacía sentir especial. Nunca permitiste que yo me levantara, el vaso querías que apurara, a la par a ti era tu intención, más nunca lo lograste! Siempre me ganabas.
Divertido era ponernos retos que nunca funcionaban, pero era solo el pretexto y las bebidas con sabor a caricias se volvían.

Tu gusto por la decoración se notaba en ese tu pequeño espacio, cualquier detalle simple, atractivo se volvía, aún recuerdo aquella vez que me dijiste, los  cuadros deben quedar casi a la altura de tus ojos, nunca debes levantar la mirada para admirarlos.
Y así es como aún conservo en el mismo lugar (a la altura de mi vista) ese cuadro que para navidad me obsequiaste,  una foto que tomaste a un paisaje por tu clase de fotografía, sintiéndome importante, creyendo que era exclusiva para mí, con el tiempo supe que era el número cuatro de veinticinco y un poco te medio reclamé, pero en fin, lo que contaba era el detalle, y el detalle era hermoso.

Era fabuloso quedarme a dormir contigo, en tu cama sin tarima, disfrutaba mucho tu gusto por la buena música en inglés, combinada con la mía en español, el repertorio  fue creciendo y lo convertirnos en «nuestro»

Y así como yo, tú debes  recordarme cuando escuchas «luna» con Eugenia León, con esta canción casi me enamoraste.
Un día, no recuerdo por qué, había terminado en discusión pero antes de 5 días, te tenía de nuevo en mi casa y con un cassette grabado, en el lado «A»  este era el único tema,  se repetía, una y otra y otra vez, por el lado «B» el resto del disco.

Era emocionante cuando dimos por escaparnos los domingos por las mañanas, para acompañarte a tu clase de Tai Chi, al parque «Agua Azul» para luego ir por una torta ahogada de Sears.

Disfrutaba verte celoso, cuando de pronto te contaba lo que pasaba en mi trabajo, de aquel cocinero (si me gustaba, pero obvio lo negaba) que amablemente siempre me buscaba.
También celoso te pusiste  en aquel campamento de adiestramiento  de scouts, cuando en un ejercicio fui perseguida por un compañero. Era divertido mantener nuestra relación clandestina, así como ver tú cara de niño emberrinchado.
Que experiencias tan gratas, de aquella epoca de campamentos, como adolescentes, tomar tu mano a escondidas y extremadamente cansados, de regreso a casa, ya en el camión, recargar mi cabeza en tu hombro hasta quedar dormida.

Me hiciste conocer a tu círculo de amigos, todos ellos de la alta sociedad, viviendo en colonias de «la calzada para allá» como comúnmente decimos, tu «bocho» al lado de sus camionetas gigantes, parecía literal una «pulguita»
A pesar de todo y de lo nerviosa que siempre me ponía, me hacían sentir en ambiente, yo era la que me sentía diferente pero pronto se me olvidaba.

Y ese viaje!! Aaah! El regalo de cumpleaños que como sorpresa me obsequiaste, a una playa desierta, a acampar fuimos en tu combi viajera.
Jamás he tenido alguna otra noche romántica tirada en la arena y  como cómplice, una luna blanca y redonda, regalándonos la mejor de sus  faces, casi la vi taparse su carita, cuando entre fogata, cena y una bebida preparada, el cuerpo listo para el amor estaba. Y fue una noche diferente,  exquisita, llena de ternura, pasión, música y arena. Nuestra imaginación no tenía tregua. En esa playa, una  de mis fantasías en realidad se convertía.

Esta historia duró casi seis años y un día sin más, me dijiste adiós.

Y hoy, sin pesar alguno, sin recuerdos dolorosos, sin lágrimas en mis ojos, las imágenes llegan, danzan en mi cabeza,  juegan y se vuelven a guardar, hasta la siguiente vez, que «nuestra» música vuelva a sonar.

Deja un comentario